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Aprendiendo a aprender

Conocemos la calle.

En esta unidad estamos trabajando la calle y los elementos que nos encontramos en ella; también, estamos conociendo distintas profesiones, al igual que las señales de tráfico y la necesidad de respetarlas, los distintos medios de transporte que hay,.... Si el tiempo lo permite, tenemos prevista una salida a las calles de nuestro pueblo. Queremos visitar un supermercado grande para observar todas las cosas que se venden y los letreros.

Pero ayer, nuestra maestra nos contó un cuento muy interesante sobre unas señales de tráfico que decidieron marcharse. Os lo enseñamos para que todos seamos conscientes de la importancia que tiene el conocerlas y respetarlas.

LA DESAPARICIÓN DE LAS SEÑALES DE TRÁFICO


Había una vez unas señales de dirección obligatoria que estaban hartas de ser señales de tráfico. Los coches no les hacían caso e iban por donde querían.
Un día llamaron a sus amigas que eran otras señales: obligatorio girar a la derecha y obligatorio girar a la izquierda, obligatorio para los peatones, prohibido aparcar y prohibido parar.
Cuando estuvieron todas reunidas les dijeron:
— Nos hemos reunido para hablar de las injusticias que cometen con nosotras los conductores y los peatones, y a ver si llegamos a un acuerdo para que no se repitan estos malos comportamientos.
— Queremos que la gente nos respete y nos hagan caso cuando nos vean. Parece que estamos de adorno y en cualquier momento pueden tener un accidente.
Prohibido aparcar y prohibido parar dijeron:
— A nosotras cuando nos ven, les falta tiempo para hacer lo que les hemos prohibido. Si les prohibimos es por algo. Paran y dejan los coches donde quieren, sin importarles nada.
Luego hablaron las de obligación:
— Nosotras si les obligamos ir a la derecha se van a la izquierda y si les mandamos por la izquierda van por la derecha. Siempre van con prisa. ¡Parece que no nos ven!
— ¿Y qué pasa con nosotras? Cuando ven esta señal los peatones ¡Ni caso¡ Hacen lo que quieren y no se dan cuenta del peligro.
Como todas las señales estaban de acuerdo en que eran como un adorno en la carretera y en la ciudad decidieron tomarse unas vacaciones y esa noche despacito y sin hacer ruido se escondieron.
Al día siguiente la ciudad era un caos. Los coches no sabían cuando pasar, si tenían que ir a la derecha o a la izquierda, cuando parar o donde tenían que aparcar. Sólo se oían pitidos
Todos se fueron al Ayuntamiento para preguntar qué había pasado y dónde estaban las señales. Como nadie sabía nada empezaron a buscarlas. Las señales que vieron todo el ajetreo que se había formado se arrepintieron y salieron.
Las señales dijeron:
— Bueno, de acuerdo. Volveremos a colocarnos en nuestros sitios, pero tenéis que prometernos que de ahora en adelante nos respetaréis más.
Y todo el mundo aprendió la importancia de las señales de tráfico y la necesidad de respetarlas.

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